Prólogo para ¨Amor Fatal¨

RECORRIDOS

Caminamos por Bleecker Street casi rozándonos los hombros, pero sin pronunciar una palabra. A lo lejos oigo a Thelma Houston que canta… don’t leave me this way… parpadeo avisándole, instigando con la mirada para que se detenga a oír el himno que ahora yo oigo. Y digo himno, porque es la banda sonora de una época, y parte clave de la banda sonora de Amor Fatal. Una canción es capaz de causar una avalancha de la memoria y obligar a cualquiera a recapitular sobre el efecto dominó al que todos estamos sometidos.

Magali Alabau no ha escrito un libro común sobre el amor, sin embargo desde los primeros versos se percibe ese agridulce sabor que está relacionado con el sentir y también el pensar. La fatalidad en las relaciones humanas, el desgaste que a veces nos lleva hasta los golpes. Ella poetiza una época, textos con ribetes biográficos, aunque no lo son en su totalidad. Tiene el don de saber tejer magistralmente, e intercalar fragmentos de sueños esporádicos y ruidos de una ciudad que devora.

Seguimos la ruta trazada, se presentan una gama de personajes. Algunos vienen escondidos en el revestimiento de la maleta que trajo consigo, casi vacía de aquella isla. Otros más recientes: el teatro, expertos actores a la hora del amor y de la traición. Y no olvidemos a los espectadores que esperan la función con algarabía y el después, para desmenuzar lo visto y lo que imaginan. Vuelve la música que nos atolondra, la veo detenerse en St. Mark’s Place. Esparce sus brazos. Al hacerlo llueven los nombres, rostros y picotazos de una vida entera que ahora se entrelazan con noticias de última hora, con recortes de periódicos, con el abrumador vivir en Manhattan.

Siento los flurries que empiezan a caer. La veo tiznarse de cal helada, pero andamos sin abrigos. Estamos a la intemperie, aunque no somos los únicos. Hay miles de personas que van con rumbo desconocido en busca de una bufanda, de un refugio. Y qué decir de los animales…

Interrumpe el altoparlante con aquella canción que cantaba Tina Charles… Oh I love to love. But there’s no time for our romance…No puedo seguir callado, estoy asfixiado con la acumulación de preguntas, con una lista larga de nombres y calles. Las páginas de Amor Fatal arden entre mis dedos, queman con la misma rapidez que he sentido otras veces al leer la obra de esta poeta reclusa que siempre está a la vuelta de la esquina, mostrándonos en bandeja una pizca de un mundo tiznado entre el recuerdo y la fábula.

 

MANUEL ADRIÁN LÓPEZ

Abril 10, 2016, Inwood, New York

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