Poemas de Alberto Quero

5

Por entonces me gustaba Bach.
También me gustaba Shakespeare.
Pero eso de poco me sirvió
porque ni Bach ni Shakespeare renuevan nada
ni sustituyen esperanzas.
Cuando se está pobre y deshabitado
es vano cualquier reloj y cualquier río
porque hay así como un hueco en el pecho
o como papeles viejos acumulados en la vida;
en ese momento uno ve que Hamlet
podría estar equivocado,
y los conciertos de Brandemburgo pasan a ser solamente
barroco y lejanía,
algo bastante inútil
cuando uno se sabe con las manos vacías.


6

Una vez quise tener un caballo
y una mujer que me acompañara
a un destierro maleable y sedoso,
al insomnio,
a lo que fuera canto y certidumbre.
Quise tener un alma hambrienta
que supiera escuchar los truenos,
que me incitara a lo ávido
y no a lo que se atasca,
algún duende que me aislara
del mundo y sus fraudes
del mundo y sus tentáculos
del mundo y sus tronos.
Me conformo con otro reino
donde el tiempo y la vida sean robustos
y no se calquen.


7

Mi hermano me profetizó un bautismo
de incendios y difamaciones:

“De ti se dirán muchas cosas,
como siempre sucede cuando se anda entre gárgolas.
Lo más probable es que la genta diga esto de ti:

ése era moribundo
no estaba moribundo, pero es lo mismo,
porque el pobre imbécil se cree guitarrista
y no sabe estar sin mirar hacia arriba,
como si buscara algo entre las nubes:
mira sin cesar una constelación cuyo nombre solo él conoce,
y dirige hacia ella sus aullidos,
con una nostalgia que nos resulta ofensiva.

O acaso comentarán

ése era un muerto; no estaba muerto,
pero es lo mismo porque estaba loco:
le dio por desafiar a las avenidas y a los aeropuertos,
decirse libre y gritarlo con deleite.

Y, graves, cuchichearán

ése es un condenado;
no está condenado
y justo esa será su peor sentencia:
la llevará a cuestas
hasta que aprenda a callar.

Tuyo, dijo él, ha de ser el signo del nomadismo
y el idioma de los giros:
nadie podrá comprobarte
ni se podrá confrontar tu voz con los alegatos
que te calumniarán inconteniblemente.

Mi hermano me vaticinó algo hirviente,
y tuvo razón:
tarde habría yo de descubrir
cómo lucen, cuando tienen hambre,
los dragones.


(Poemas tomados del libro, “Del azar y otras nimiedades”)



Alberto Quero. Nació en Maracaibo, Venezuela. Narrador y poeta. Es Licenciado en Letras, Magister en Literatura Venezolana y Doctor en Ciencias Humanas por la Universidad del Zulia. Miembro de la Sociedad Iberoamericana de Escritores, Asociación Venezolana de Semiótica, Centro de Escritores del Zulia. Ha publicado cinco cuentarios: Dorso (1997), Esfera (1999), Fogaje (2000), Giroscopio (2004) y Aeromancia, (2006). También ha publicado dos poemarios: Los que vinieron (2013) y Del azar y otras nimiedades (2018). Ha obtenido varios premios literarios en Venezuela. Textos suyos han sido recopilados en “Los espejos plurales” (Poesía, Universidad del Zulia, 2000) y en “Cuentos de monte y culebra” (Cuento. Universidad de Los Andes, 2004). Ha sido incluido en dos diccionarios de personalidades “Diccionario General del Zulia” (1999) y en “Quiénes escriben en Venezuela” (2005)





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